Friday, August 15, 2014

El secreto de mi longevidad.


No contemplo ni el pasado ni el futuro: mi atención está constantemente dirigida hacia el presente.

Hago lo que hay que hacer en cada momento, sin pensar en los resultados de mi acción.

 

Sin calcular lo que es o lo que no es, lo deseable o lo indeseable, permanezco en el ser y soy feliz, sano, libre de toda angustia y de toda preocupación.
 

Mi estado es el fruto de la contemplación del momento de la unión del prana y el apana, que es el momento en el que se revela el ser.

No alimento vanas ideas de alcanzar esto o librarme de aquello.


En ningún momento y en ningún lugar alabo ni censuro a nadie, ni a mí mismo.

 

Mi mente no se siente satisfecha por haber conseguido algo ni se deprime cuando siente algo desagradable: esa es la causa de mi estado saludable y dichoso.

Asumo la suprema renunciación, habiendo renunciado incluso al deseo de vivir
y en consecuencia mi mente permanece equilibrada y apacible sin alimentar expectativas de ningún tipo.


Soy consciente del substrato común de todas las cosas y no me atormento con pensamientos sobre lo que voy a hacer dentro de un momento o lo que me ocurrirá mañana.


No me preocupa la idea de la vejez o de la muerte, ni la obtención de la felicidad, ni pienso en unas cosas como mías y en otras como no mías.


Sé que en todo momento todas las cosas no son más que la conciencia cósmica no dual. Ese es el secreto de mi estado envidiable y feliz.


Jamás pienso que soy este cuervo, aunque permanezco ocupado en las tareas propias de mi condición animal, porque sé que esta apariencia objetiva es ilusoria y la vivo como si fuera un largo sueño.


Ni la fortuna ni la adversidad me perturban cuando se plantan ante mí, porque las considero con una visión ecuánime, como considero uno de mis brazos igual al otro.


Nada de lo que hago está manchado por el deseo o por el lodo del sentimiento del ego, no me sube a la cabeza el poder ni me humilla la pobreza.


No tengo esperanzas ni expectativas y hasta la cosa más vieja y desgastada la miro con ojos frescos, como si fuera nueva.

 

Disfruto con los que son felices y sufro con los que sufren, porque soy amigo de todos y  sé que no pertenezco a nadie ni nadie me pertenece a mí.

Sé que soy el mundo con todos sus acontecimientos y toda su inteligencia.
 

Este es el secreto de mi longevidad.
 

De Yoga Vasishtha

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